-FRENTE AL ESPEJO-
Me estoy preparando para ir a la Emisora, no sé ni qué voy a decir, nunca me han hecho una entrevista. ¡Qué nervios! ¿Estaré bien vestida? Ya le dije a mi mamá que no quería fiesta, ella insiste en hacer un motivito con la familia y picar el cake. Mi madre es tan detallista, siempre me sorprende con cada cosa... ¡Tan linda!, si no fuera por ella… 

¡Ay ya, que hoy no quiero llorar! Además, ya se me está corriendo el maquillaje. [¡Mami, pásame el rímel que ya se me chorreó esta cosa! ¡Y el creyón también, mima!]

¿En qué estaba? ¡Ah, sí!, en que yo no quiero fiestas. Ni cuando cumplí quince años quise fiesta. Esa pasarela con vestidos pomposos [Gracias mami] se me hace tan cursi… ¡Como si fuéramos de aquellas épocas! Yo no, ¡solavaya!; a lo mejor puedo parecer rara, pero en verdad creo que soy más comprensiva que mis amigas. Mira a Magali, su familia tiró la casa por la ventana para celebrarle sus ‘quinces’ y hoy están con la soga al cuello pagando las deudas que les dejó la graciecita esa. Además, salió bien fea en las fotos, parecía un mamarracho. Yo le pedí a mi mamá una buena comida y más nada, ¡me di un atracón!... Además, las mujeres no somos muñecas pa’ que nos anden cambiando de ropa y exhibiendo en un álbum de mentiras. 

A mi padre no lo veo desde hace siglos, ¡uf!, ya llovió mucho, hasta me crecieron los senos y él brilla por su ausencia. La última vez que me cantó un “japi beibi” se puso bien borracho y le metió un ‘galletazo’ a mi mamá tan fuerte que la pobrecita cayó al piso desmallada. Mi abuela terminó botándolo de la casa. ¡Y qué bueno, se lo merecía! Mira que meterle a mami… ella ha sido madre y padre y se ha partido el lomo trabajando para sacarme adelante. Ya no soy una niña, yo entiendo bien las cosas. Muchas veces vi a mi madre llorando como magdalena. Cuando estaba desesperada se tiraba en la cama y decía que le dolía la cabeza; ¡como si yo fuera boba!, creía que yo no sabía que era por culpa de mi papá. Ella inventando cosas para darnos de comer y “el muy lindo” echándose fresco. Me acuerdo aquella vez que la vi haciendo un ‘fufú’ y que parecía que lo sazonaba con lágrimas, esa noche él no vino a dormir. Muchas veces me servía el plato y yo le preguntaba si ya había comido, siempre me decía que sí, hasta que un día me di cuenta que en el caldero sólo había raspa. Desde entonces le exigía que se sentara a comer conmigo y me ponía ‘ferruca’ si no me obedecía. ¡Cuántas veces no se habrá ido a dormir sin comer! Cuando nos apretaba el zapato, mami abría el escaparate y se sentaba en la cama vacilando su ajuar; al poco rato me daba una ‘jaba’ y me pedía que fuera a casa de Tania o de alguna otra amiga a ver si quería comprarlo. Poco a poco se fue quedando desnuda; hasta el vestido de terciopelo negro, que tanto me gustaba, le dio camino por unos pocos pesos y una libra de arroz. Ella vaciaba el escaparate para llenar los platos. Puedo decir que fui criada con los vestidos de mamá.

Yo nací un día como hoy; mami tenía la misma edad que yo tengo ahora, y la verdad… era un modelito, yo he visto fotos de ella y me quedo loca con el cuerpecito que tenía; aunque las muchachas de antes estaban más desarrolladas que las de hoy, ha de ser por lo que comían; con tantos químicos que hay ahora… ¡eso hace daño! Antes no, antes todo era natural, comían viandas, ensaladas… ahora todo es enlatado, eso a larga afecta el desarrollo. Sin embargo no me puedo quejar, yo tengo lo mío, y cuando salgo, paro bicicletas y tractores. A veces hasta me pongo colorada por los piropos que me echan los ‘pepillos’. Pero los hombres se alborotan con cualquier palo de escoba, todos nos miran con cara de hambre. Yo soy de las que esperan a un hombre que me quiera en verdad, que me respete y me valore por lo que soy. ¿Existirán todavía esos hombres?

Cada año mi abuela y mi mamá, religiosamente repiten la historia de mi nacimiento; dicen que recordar es volver a vivir, ¡pero avemaría… esto ya parece un rito!; que si tenía tremenda barriga, que si le daba mucho sueño, que si los antojos, que si la historia clínica, que si las piernas hinchadas, que si esto y que si lo otro… ¡tremenda matraquilla! Aunque yo tuve la suerte de nacer en un hospital, porque dice mi abuela que ella nació en un cubo, ¡qué cosas, ¿verdad?! Mi mamá tenía una barriga como balón de playa, todo el mundo decía que era hembra, que las hembras ponen la barriga picuda, y en el juego de la tijera y el cuchillo también salió lo mismo. La pobrecita casi se vuelve loca, las hembras gastan más que los varones porque a los varones los mandas a jugar ‘encueros’ y no pasa nada, pero las niñas ‘encueras’ se ven feas, aunque sea un ‘blumercito’ hay que ponerles, más las bolitas, las hebillas, los lazos, las dormilonas… ¡y todo rosado! Pero yo nací en las vacas flacas, no teníamos ni un “quilo prieto partido por la mitad”; si hubiera sido varón tendría ropitas de sobra, porque hasta entonces en la familia todos mis primos habían sido varones y se pasaban la canastilla unos a otros. Si de por sí es tremendo gasto eso de la canastilla, mucho más cuando se trata de una hembrita. Yo creo que estaba condenada a vestirme de azul, aunque el azul es mi color favorito y le hace honor a mi nombre, ¡ah… seguro por eso me pusieron así! Eso sí nunca me lo han dicho.

[¡Ya voy mija!] Mi madre quiere a fuerzas que almuerce antes de irme, pero yo cuando me pongo nerviosa no como nada porque lo vomito; mejor cuando regrese. Además, a esta hora no hay quien se espante un ‘potaje de frijol colorao’.

¿Qué me irán a preguntar? ¡Tanta ‘rebambaramba’ por un cake! [¡¿Dónde está el carnet?!] Hay un dicho que dice: “vísteme despacio que estoy apurado”, y con este ‘correcorre’... 

A mami cuando se le mete algo en la cabeza… ‘¡Ñó!’, esa mujer parece que nació compitiendo. Bueno, ella a lo mejor no, pero yo sí. Siempre dicen que yo era floja desde la barriga, que por eso no me gané la canastilla; ¡y era buena… hasta cuna y todo! Después de un mes de atenciones la habían ingresado y ya tenía fecha; los médicos decían que tal vez el 7 en la noche. En la casa todos estaban comiéndose las uñas; pero el trabajo de parto se alargó porque no dilataba. ¡Ay, no me imagino!, tuvo punzadas desde las cinco de tarde. La metían, la sacaban, volvían a correr con ella, la sacaban otra vez, y yo adentro como si nada. Ella luchaba como una fiera, pero se aguantaba todo lo que podía para que le cogiera la medianoche; un premio como ese no se puede escapar. ¡Oye… ¿quién te regala una canastilla completa hoy en día?! Y no cualquier canastilla, la más grande que un niño de este pueblo puede tener. Me imagino a la gente calculando como por julio para ver si se la ganan.

Ya como a las once de la noche se le rompió la fuente y corrieron con ella al salón de parto. Dice que cada vez que pujaba se acordaba del premio: los pañales (¡Humm!), el talquito (¡Humm!), la colonia (¡Humm!), la ropita (¡Humm!), la cunaaa (¡Hummmmmm!). A mí mejor que me hagan cesárea cuando me toque. Los hombres deberían parir y no las mujeres, p’a que sepan “lo que es bueno”. ¡Ja, me hubiera gustado ver a mi papá pariéndome! ¿Por qué siempre nos toca la peor parte?

Y entonces la reina de la pista se vio acompañada por otra barrigona, una extraña contrincante que ni siquiera tenía dolores y que entró con una sonrisa de oreja a oreja. No parecía que iba a parir sino al parque de diversiones; y las reglas eran claras, debía ser parto natural, si no, no había canastilla.

[¡Mami, ¿cómo se llamaba a la que le indujeron el parto?!] ¡Ay, Mónica, cada vez que me acuerdo de esa Mónica me da un genio!... ¡Ladrona! ¡En todos lados hay trampa! Si yo hubiera sabido, salgo hasta hablando. No debería ser la primera niña que nazca, sino la primera fuente que se rompa o todas las niñas que nazcan ese día, así también lo hacen en la iglesia el 25 de diciembre y a todos les toca algo. Esa mujer era familia de alguien, se ve que tenía palanca, porque a mi madre la dejaron en la plancha pujando sola y se fueron con la otra a sacarle la niña ‘a la cañona’. Está claro que ahí había ‘maraña’. ¡Dime tú!, dos mujeres compitiendo como en una carrera de caballos para ver quién se lleva la copa. Quién sabe si en el primer mundo se vean esas barbaridades.

[¡Ay mami, hubieras pujado más fuerte!... ¿Con quién? ¡Con nadie, con el espejo, estoy ensayando por si me preguntan algo de eso!] Ha de pensar que estoy loca, ¡hablando con un espejo!

Si no me hubiera tardado tanto, hubiera nacido primero. Cuando yo saqué la cabeza ya a la otra le estaban cortando el cordón; cuando a mí me estaban cortando el cordón, a la otra ya le habían puesto una blusita de la canastilla. Ella, la primera niña del 8 de marzo vestida de rosado, y yo, cinco minutos después, vestida de azul. ¡Pero eso fue trampa! Lo bueno es que la perdoné, y además, esa canastilla ni existe ya. Aunque mi madre sufrió más por haber perdido el premio que por haberse desgarrado un poquitico. Se peleó con los doctores y presentó un montón de argumentos en su defensa sin lograr ningún resultado. Y lo peor de todo es que a esa niña la amamantó, como a muchos otros niños del cunero, porque tenía los pechos a reventar y a mí no me daba hambre. ¡Ironías de la vida, ella me quita la ropa y yo le doy mi leche! 

Todos le decían que tenía un niño muy chulo y ella se enojaba y les enseñaba mi ‘toto’ para que vieran bien que era una hembra. ¡Claro… vestida de azul quién iba a imaginar! ¡Ay, mira qué coincidencia!, hoy también estoy vestida de azul; pero bueno, ahora sí se me nota que soy mujer. Menos mal que ya no tengo que ir por ahí enseñando el ‘toto’ aunque vaya de azul.

Estoy segura que esta vez sí me gano el cake. Ahora mismo salgo corriendo para la radio, a fin que ya tengo carnet y puedo comprobar que soy mayor de edad. ¡Quién iba a decirlo, yo con carnet! Ayer estaba jugando con fango y hoy ya soy una señorita. ¡Ay, pero no me imagino ser mamá a mi edad! Espero que cuando yo para, sea un varón y ya exista el día internacional de los hombres. Juro que me gano la canastilla, y si no, ya tengo la de mis primos que también fue mía y está bien conservadita.

[¡Oye ‘Má’, ya empezó “Acuarela Mexicana”!] Después de este programa es el premio. Mi madre y yo hemos esperado dieciocho años para salir en la radio y ganarme el cake. [¡Sí, ya voy!] ¡Qué desesperada esta mujer! Si dicen que cada año terminan en cabina embarrados de merengue porque nadie se lo lleva. ¡Qué derroche! Creo que ese cake me ha esperado todos estos años.

Ha de ser un cake grande, como de tres pisos. ¡Ojalá y tenga flores! A mí me gustan las flores de merengue, ‘cantidá, cantidá’, ésa es mi parte favorita del cake, y son azules también, ¿no será un signo? ¡Ay, seguro me escucha un ‘tongonal’ de gente! ¡Qué nerviosa estoy, qué nerviosa estoy! A ver Azul, respira, ¡ese cake ya es tuyo! ¿Y cómo me lo traigo? ¿Yo no había pensado en eso? Imagínate tú que se me caiga… [¡Mami, ¿cuánto cobra un coche desde allá?! ¡Caballero que abuso, la gente piensa que el dinero viene por la tubería del agua!] Pero no importa, es mejor asegurarme de que llegue completo. Sería una lástima… Pero en la mesa de la cocina no cabe, está muy chiquitica; vamos a tener que ponerlo en la cama y tenderle un mosquitero porque se ha ‘destapao’ un mosquerío…
[¡Es mi orgullo haber nacido…!] Esa canción me priva, parece que en México sabían mi historia cuando la hicieron porque me retrata mucho. Ya estoy lista, ¿qué hora será? [¡Mami, ¿qué hora es?! ¡¿Qué?! ¡Corre muchacha que tenemos poco tiempo!]

 -NUEVAMENTE FRENTE AL ESPEJO-
¡Caballero yo tengo que hacerme un despojo! ¡Mira que yo me apuré!… La historia nuevamente se repite. Antes que acabara “Acuarela Mexicana” salimos volando, y por más que corrimos me quedé sin cake. El vivo vive del bobo, y el bobo de su bobería.

¡¿Qué son cinco minutos, chica?, cinco minutos no es na’! ¡Óyeme, a mí no se me veían los pies…! ¡Ese cake no estaba pa’ mí, como tantas cosas en esta vida! ¡Pero quién iba a pensar eso! Claro… si tenemos la misma edad… [¡Mami, ¿cómo tú no te acordaste de la hija de Mónica?!] Así mismo, mi hermanita de leche me quitó el cake, por cinco minutos, ¡cinco minuticos! Cuando llegamos las dos, bien sudadas, nos dijeron que había acabado de entrar una cumpleañera.

¡Dieciocho años esperando y me quedé chupándome el ‘deo’! Mami siempre me decía: “cuando cumplas dieciocho te llevo a la Emisora pa’ que te ganes el cake.” Es el cake que le dan a la mujer que cumpla años el Día Internacional de la Mujer y que sea la primera en llegar a la Emisora después del programa “Acuarela Mexicana”, le hacen una entrevista y todo el mundo escucha a la afortunada… es un bonito detalle y, además me hubiera hecho popular en el barrio.

¡Qué cosas!, yo hablando frente al espejo, y aquella comiéndome el ‘mandao’; ella hablando frente al micrófono, y yo hasta me había comido ya las flores de merengue.