¡Ay vida, qué traicionera!

¡Ay vida, qué traicionera!,
que por ganar más adeptos
nos seduces con quimeras.

Llegas cual mismo misterio
que ingenuo el hombre celebra
y haces las veces de bueno
con intenciones avernas.

Oh vida, ¿qué estoy viviendo?
¿Es merecida esta pena?
¿Acaso Cielo o Infierno
van a impedir que yo duerma?

¡Qué torturador es esto,
esta razón  me flagela.
Por dentro me siento niño
y soy un viejo por fuera.

Un niño, estúpido niño
saboreando su paleta,
al que se le acaba el tiempo,
un mocoso, un comemierda.

¡Ay vida, qué traicionera!,
que por ganar más adeptos
nos seduces con quimeras.

Amor das y de momento
lo arrebatas a cualquiera,
así sin más, “porque quiero”
saboteándonos la fiesta.

Unos se saben selectos
hasta tanto no les duela,
¡vaya dicha!, son insectos
con alas pero no vuelan.

Ya se desquician mis versos
con sus desnutridas letras
porque la vida es un beso
que con el tiempo se seca.

Se seca cual pasto seco,
es fugaz y es pasajera,
es de mortales pretexto
para un Dios vivo ofrecerla.

No quiero ser más tu adepto
Porque cruel me mangoneas,
y me quitas lo que quiero,
pues quítame tu vil presencia.