Soy un espectador,
un ojo que a lo lejos observa en derredor,
una pupila extraña que húmeda enfocó
el blanco ajeno y súbito de luz y de color.

No un ojo inquisidor
que mira y que sentencia con facultad de Dios,
soy iris que con hambre recoge lo que vio
e informa fiel el dato saciando su pasión.

Un lente que se enfoca cual francotirador
a la diana del tiempo,
a la otredad atroz,
condenado a lo externo
sin voltear la visón,
confinado a lo impropio sin su propia noción.

La niña siempre niña de castaña atención
que se cruza unas veces con otro observador
y se contrae desnuda
en su ocular mansión.

De párpados caídos,
de miope ensoñación,
soy un ojo perdido
que ve y nunca se vio.